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martes, 18 de octubre de 2011

Mil millones de hambrientos no son noticia

Ayer fue el Día Mundial del Hambre, que oficialmente se denomina Día Mundial de la Alimentación. Pese a la gravedad del problema apenas se encuentran noticias en los medios de comunicación internacionales. The New York Times publicó este fin de semana un artículo de Holly Epstein Ojalvo junto a un dibujo demoledor de Matt Rota (foto) y The Independent títula: "Viven en un mundo de abundancia pero uno de cada siete se irá esta noche a la cama con hambre". En Twitter (#WorldFoodDay) solo fluyen mensajes de ONG, organizaciones humanitarias y algunos blogs.

Los datos de 2011, que ofrece la FAO, no son trending topic: cerca de mil millones de personas pasan hambre cada día. El aumento de los precios de los alimentos, debido a la crisis económica y a la especulación, condena a millones a la pobreza extrema. UNICEF recuerda que 22.000 personas mueren diariamente de hambre o de enfermedades relacionadas con él. En cuatro días los muertos podrían llenar un estadio de fútbol. En 10 días habrán muerto casi tantos como en el tsunami de 2004.

Pese a la magnitud de la catástrofe son invisibles. Médicos Sin Fronteras ha lanzado una campaña de firmas bajo un título contundente: "Hambrientos de atención".

La ONU asegura que en los países donde el hambre es mayor, peor resulta el trato a la mujer. En el blog La pobreza importa, del diario The Guardian, se informa de los efectos en la población: descontento y estrés. Según Oxfam, los precios alimentarios se duplicarán en 2030. Un tercio de los alimentos que se producen cada año en el planeta acaban en la basura, cerca de 1.300 millones de toneladas. En el mundo desarrollado se desperdicia el 40% de la comida después de la cosecha, es decir, en nuestras neveras.


• Día Mundial de la Alimentación

El planeta produce alimentos más que suficientes para todos sus habitantes y, sin embargo, cerca de mil millones de personas pasan hambre en el mundo. Así lo ha denunciado el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon en un mensaje con motivo del día Mundial de la Alimentación que se celebra este domingo. En España, varias ONG han alertado de que el 25% de niños españoles sufre malnutrición agudizada por la crisis.

En su discurso, Ban Ki Moon instó a los dirigentes de países ricos y pobres a invertir "la energía y los recursos necesarios para ganar la batalla contra el hambre" y conseguir así el primero de los Objetivos de desarrollo del Milenio.

La desnutrición se puede evitar, señaló, y como ejemplo citó la hambruna que actualmente padecen más de 13 millones de personas en el cuerno de África. A su juicio, la sequía no tiene por qué convertirse necesariamente en hambre ni debe permitirse jamás que ello ocurra, "ni por fallas del sistema ni por el tipo de privación deliberada que vemos en las zonas controladas por Al-Shabaab", resaltó.

Ban Ki Moon propuso así apoyar a los pequeños agricultores, crear redes de seguridad alimentaria y desarrollar políticas para paliar la volatilidad de los precios, entre otras medidas.

Falta de ayudas

Los países desarrollados no están cumpliendo sus promesas para apoyar el desarrollo. La mayoría no cumple todavía el Objetivo del Milenio de destinar hasta 2015 al menos el 0,7% del Producto Interior Bruto a la ayuda al desarrollo. De media, la ayuda asciende por ahora al 0,3% del PIB, según los datos más recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Por otro lado, la volatilidad de los precios tiene como consecuencia que en muchos países en vías de desarrollo, la población deba destinar el 70 por ciento de sus ingresos a la compra de alimentos. En un país como Alemania, donde las familias sólo destinan el 12% de su presupuesto a la alimentación, una situación similar equivaldría a que un pan costase 30 euros (41,6 dólares) y una bolsa de patatas, 50.

Y no parece que la situación vaya a mejor, pues la especulación y las cada vez más frecuentes catástrofes naturales amenazan con elevar aún más los precios de los alimentos de primera necesidad.




* Fuente: Aguas Internacionales / ElPais.com
Autor: Ramón Lobo
**Fuente: ElMundo.es







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lunes, 14 de febrero de 2011

Adiós a la comida barata. Por Claudi Pérez

El empuje chino e indio, las malas cosechas y el pánico comprador de varios Gobiernos provocan la segunda crisis alimentaria en tres años y las algaradas en países pobresAdnan Nevic (Sarajevo, 1999) está a punto de entrar en una edad complicada. Naciones Unidas le escogió en su día como el habitante número 6.000 millones del planeta. En apenas 12 años, ese niño bosnio ha sido testigo de una especie de montaña rusa económica; una fenomenal expansión al inicio, coronada con la mayor crisis desde la Gran Depresión. A punto de cumplirse el cuarto aniversario de la crisis, cuando ya parecía que ese relato se aproximaba al final, empieza a escribirse un nuevo capítulo: explota la segunda crisis alimentaria de los tres últimos años, combinada con las primeras algaradas sociales en el Norte de África. Hay múltiples causas que explican esa coda de la Gran Recesión. Los precios dan siempre señales de que algo sucede, y los máximos que han alcanzado los precios alimentarios hablan de sequías e inundaciones, de especulación, de barreras comerciales, de subsidios en el mundo rico, de biocombustibles, de encarecimiento del petróleo; de montones de cosas importantes.

Todo eso está detrás de los espectaculares picos en la cotización de los alimentos, pero la tendencia de fondo se explica por dos causas fundamentales, de largo aliento: China, India y en general los emergentes asiáticos crecen a toda velocidad y eso, a la hora de cenar, significa que chinos e indios comen más (y mejor) que nunca. La segunda razón es la que le va a quitar protagonismo a nuestro Adnan Nevic: Naciones Unidas elegirá al habitante número 7.000 millones del planeta antes de que acabe 2011. Su efímera fama habrá durado apenas 12 años. La economía gestiona recursos escasos; a esa velocidad, cada vez más escasos.

Los precios de los alimentos llevaban varias décadas en un suave declive, hasta principios del siglo XXI. A partir de entonces empezaron a subir de forma persistente, alcanzando niveles máximos a mediados de 2008. Ya en ese momento hubo convulsiones sociales en una veintena de países, pero la Gran Recesión enmascaró esos problemas por un tiempo. Los precios cayeron rápidamente por el descenso de la demanda en todo el mundo, pero todo gran terremoto tiene su réplica: apenas dos años después los alimentos vuelven a estar muy caros y son una de las razones de las protestas que desencadenaron la crisis en Túnez y el efecto contagio en las calles de Yemen, Argelia, Jordania y Egipto.

Hay numerosas variables que explican ese fenómeno desde un punto de vista coyuntural: "Se trata de una serie de acontecimientos dispares que se han reforzado mutuamente y han alcanzado el punto crítico al mismo tiempo", resume Federico Steinberg, del Instituto Elcano. En condiciones normales, los mercados se acercarían al límite actual para luego tranquilizarse. Pero estas no son condiciones normales, y el mercado alimentario tiene características muy peculiares como para no prestar atención a lo que está sucediendo, a todo ese ramillete de causas que vienen a unirse a la tendencia de fondo: la emergencia de China e India, la imparable pujanza de la población mundial, las dificultades para dar de comer más y mejor a cada vez más gente sin que la productividad de la agricultura mejore sustancialmente desde hace tiempo. "Todo eso lleva a los expertos a considerar que la era de los alimentos baratos (y de otras materias primas) toca a su fin", resume Gonzalo Fanjul, de Intermón Oxfam.

En la crisis actual se repite la secuencia de 2008: una pieza en dos actos. Durante un tiempo, incrementos de precios por el tradicional juego de oferta y demanda: malas cosechas por sequías o inundaciones cada vez más frecuentes a causa del cambio climático; reducción del nivel de existencias; cultivos que dejan de dedicarse a la alimentación para producir biocombustibles, ese tipo de cosas. Y a partir de ahí un segundo acto marcado por decisiones políticas cuestionables como las restricciones a la exportación, esta vez en Rusia y Ucrania, países productores en los que ha habido malas cosechas y que quieren controlar los precios. Y ante las primeras algaradas sociales en los países más vulnerables, los Gobiernos reaccionan con algo parecido al pánico comprador: Argelia, Arabia Saudí, Bangladesh, Indonesia, Afganistán e India han anunciado que llenarán sus graneros de maíz, arroz o trigo para evitar que se repitan protestas. Paradójicamente, esa política contribuye decisivamente a las alzas de precios. "Eso es lo verdaderamente preocupante. Y ese tipo de anuncios atraen además a los especuladores", explica Vicente Pallardó, de la Universidad de Valencia.

Los costes de algunos alimentos se acercan o sobrepasan ya los picos de 2008. Hace unos días, la FAO (el organismo de Naciones Unidas encargado de la agricultura) anunció que el índice de precios que agrupa a los principales productos básicos superó todos los récords en diciembre, y batió de nuevo esas marcas en enero. El encarecimiento fue de un 30% en 2010, y el Banco Mundial prevé que los precios elevados -unidos a una gran volatilidad- se mantengan al menos hasta 2015. Los egipcios gastan casi la mitad de su renta en alimentos: en los países más pobres ese gasto se lleva hasta dos tercios de los ingresos de una familia media. En esos lugares, las alzas de precios "son una amenaza para el crecimiento y para la estabilidad social", según Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, que ha reclamado al G-20 que dé prioridad a la crisis alimentaria. Razones no faltan: hay casi mil millones de personas que sufren hambre en todo el mundo; más del 60% son mujeres. Y un tercio de la mortalidad infantil en todo el mundo se atribuye a la malnutrición.

El alud de informaciones para entender la magnitud del problema es sensacional. El precio del trigo en los mercados de Reino Unido alcanzó en enero un máximo histórico. En Argelia ha habido disturbios por la escasez de alimentos. La inflación en India se encarama hasta rozar el 20% a causa de los alimentos, lo que ha llevado a su Gobierno a amasar existencias. China busca en el extranjero grandes cantidades de trigo y maíz, y México empieza a hacer lo mismo para evitar una reedición de la crisis de las tortillas. "En general, los accidentes climáticos explicaban buena parte de los picos en los precios hace unos años. En 2008 fueron los fondos especulativos los culpables de las subidas. La buena noticia es que ahora la principal razón es que el mundo emergente ha salido de la crisis a toda velocidad y eso explica ese encarecimiento repentino, por la mayor demanda. Se trata de algo positivo: las gentes comen ahora más y mejor en esos países. Desde luego eso provoca dificultades en otros países de bajos ingresos, pero la otra cara de la moneda son los productores de alimentos: en Argentina o Brasil no puede hablarse de malas noticias", afirma Rolf Campos, profesor de la escuela de negocios IESE en Madrid. Aunque buena parte de los márgenes no se lo lleven los pequeños productores, sino las grandes multinacionales del sector agroalimentario.

"Los altos precios probablemente persistan durante meses. La agricultura no es como otras industrias: transcurre tiempo para que las inversiones permitan que la oferta crezca", explica Abdolreza Abbassian, economista de la FAO, que en las últimas semanas ha puesto el acento en las dificultades que añade la volatilidad extrema de las cotizaciones. No va a ser fácil reducir esos vaivenes. Hace unos días, en Davos, el presidente francés Nicolas Sarkozy se preguntaba si es de recibo que un solo especulador pueda adquirir de una tacada un 15% de la producción mundial de cacao en una operación "sin pagar un solo céntimo" para después revenderla. "¿Eso es lo que hace el mercado? ¿Eso es lo normal?", decía.

"La seguridad alimentaria ha entrado en la agenda del G-20 y eso es positivo", afirma Máximo Torero, del think tank estadounidense IFPRI, que apunta posibles soluciones: "Hay que crear una unidad de inteligencia alimentaria para conseguir más transparencia sobre las reservas y evitar situaciones de pánico, con un mecanismo de alerta para no llegar a situaciones límite, y hay que regular el mercado de futuros para limitar la especulación". "Hay que hacer todo eso y sin embargo los tres últimos años demuestran que el desgobierno es completo en el mercado alimentario: ni siquiera con la banca se hacen menos cosas", añade Fanjul.

La lucha contra ese problema nunca ha sido fácil. A mediados del siglo pasado, el hambre asolaba India tras una grave sequía: un tipo llamado Norman Borlaug consiguió nuevas variedades de semillas de trigo y obró el milagro, la productividad mejoró y millones de personas dejaron de pasar hambre. Borlaug ganó el Nobel en 1970 y lo que hizo se conoce como revolución verde (aunque el uso de plaguicidas ha contaminado los acuíferos de las regiones en las que se aplicó su idea, según algunas fuentes). "Necesitamos una segunda revolución verde, y rápido", reivindica Pallardó, "porque la productividad agrícola se ha estancado y en cambio la población alcanzará los 9.000 millones en 2050". Para entonces, probablemente el mundo habrá olvidado a Adnan Nevic, el ciudadano 6.000 millones. Aunque nunca se sabe. Un tal Thomas Malthus, un apacible clérigo y matemático que vivió a caballo del siglo XVIIII y el XIX, dejó escrito hace más de 200 años lo que se conoce como maldición malthusiana: "La capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la de la tierra para producir alimento para la humanidad". El capitalismo industrial tendió un puente por encima del abismo demográfico malthusiano: ese peligro se ha evitado durante dos siglos y Malthus ha sido perfectamente olvidado durante años. En el tiempo que usted emplea en leer este artículo nacerán unas 900 bocas que alimentar: es posible que los genetistas y la tecnología consigan esa segunda revolución verde, pero de momento Malthus está siendo reivindicado. El economista John Keynes, también semiolvidado durante años, atribuía a Malthus "una profunda intuición económica". Y conviene fiarse de Keynes.



Fuente: ElPais.com
Autor: Claudi Pérez es periodista en la sección de economía del diario El País.
Fotografía: AFP



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martes, 17 de noviembre de 2009

El hambre matará hoy a 17 mil niños

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que al año son seis millones de niños los que fallecen por esta causa; el jerarca agregó que la tragedia no sucede porque no exista suficiente comida en el planeta

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lamentó este lunes que el "ayuno" sea una realidad cotidiana para muchas personas en el planeta, durante su discurso de apertura de la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria que se celebra en Roma.

En la primera jornada de la cumbre, que se celebra hasta el miércoles en la sede de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Ban explicó que él mismo se sumó a la propuesta del director general de la FAO, Jacques Diouf, de hacer un ayuno solidario en señal de protesta contra el hambre.

"Yo ayuné ayer y no ha sido fácil, pero para muchas personas ayunar es una realidad cotidiana", comentó el secretario general de la ONU, quien basó su discurso de apertura en la relación entre el cambio climático y el hambre en el mundo.

"La crisis alimentaria actual es una campana de alarma para el futuro porque antes de 2050 nuestro planeta puede ser la casa de 9.100 millones de personas", dijo Ban. "También el clima está cambiando y para 2050 tendremos que producir un 70 por ciento más de comida, teniendo en cuenta que las circunstancias climáticas cambian", añadió.

En este sentido, de la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria, en la que hoy intervendrá también el papa Benedicto XVI, saldrá el compromiso de los países participantes de reducir a la mitad la proporción y el número de personas afectadas por el hambre y la malnutrición para 2015, que en la actualidad son más de 1.000 millones.

Sólo hoy, según el secretario general de Naciones Unidas, 17.000 niños morirán de hambre, lo que supone seis millones de niños al año, un problema que no llega -dijo- porque no exista suficiente comida en el planeta. "La comida es un derecho fundamental. La comida y su seguridad son fundamentos en una vida sana. En este sentido, los últimos años hemos vivido una reacción en cadena que ha amenazado la vida de muchas personas", comentó el responsable de la ONU.

Ban, quien cree que aunque se hayan hecho progresos el problema del hambre sigue existiendo, definió como "enorme" el coste humano de una actual crisis alimentaria que, recordó, ha provocado "conflictos en unos treinta países". El secretario general de Naciones Unidas apostó por un cambio en la agricultura para conseguir ulteriores mejoras en la situación del hambre en el mundo, cuyo estado será abordado por la Asamblea General de la ONU el próximo año.

Más financiación de ayuda al desarrollo (que la FAO cifra en unos 44.000 millones de dólares) y dar la posibilidad a los hambrientos de conseguir la alimentación por ellos mismos son algunas de las propuestas que el responsable de la ONU lanzó durante su discurso de apertura.


Fuente: Observa.com.uy
Fotografia: detalle de original / AFP

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domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Somos demasiados?

Sumaremos 7.000 millones de habitantes en 2012 y 9.000 en 2050 - El problema no es la fecundidad, que ya se está frenando, sino la fatal distribución de recursos

La gravedad de la crisis alimentaria, el aumento inusitado en la población de los países menos desarrollados y los efectos del cambio climático son algunas razones para repetir la misma frase: "Somos demasiados". Y seremos más. En 2012, la población mundial alcanzará los 7.000 millones de personas. En 2050, la Tierra albergará a 9.100 millones. La gran mayoría de los nuevos habitantes vivirán en países pobres. Según cálculos de la ONU, en 2050 la población española será prácticamente igual que en 2009. Unos 42,8 millones de habitantes. Muy lejos del crecimiento previsto para países como Níger, Somalia y Uganda, cuyas poblaciones crecerán hasta en un 150% en los próximos 40 años. La población en los países desarrollados se mantendrá prácticamente igual y en algunos incluso disminuirá. En cambio, las naciones más pobres del mundo tendrán un acelerado crecimiento. De los 2.400 millones de personas más que habrá en el mundo en 2050, el 98% vivirá en países pobres. ¿Hay suficiente espacio y recursos para todos?

Las tasas de natalidad han disminuido en un 50% en los últimos 30 años, y se espera que se reduzcan aún más. Incluso en los países más pobres del mundo, la natalidad se reducirá a la mitad. Las previsiones de la ONU coinciden en que la tendencia se mantendrá. En 2050 se prevé que la fertilidad mundial sea de tan sólo 1,85 niños por mujer. Sin los métodos anticonceptivos, la población mundial crecería hasta los 11.000 millones de personas en 2050. Los controles de natalidad han sido fundamentales. Pero no son, ni de lejos, la única solución.

Desde hace más de 200 años, la advertencia ya era explícita: el inglés Thomas Malthus advertía en su célebre Ensayo sobre el principio de la población que los recursos naturales serían insuficientes para abastecer a la población mundial. La investigadora Rosamund McDougall, directora adjunta de la ONG Fondo para una Población Óptima (OPT, en inglés) advierte que "una población de más de 9.000 millones de personas tendría un impacto terrible sobre la Tierra, no sólo en la calidad de vida. La cantidad de emisión de gases de efecto invernadero haría imposible vivir en el planeta en 2050".

¿Quiénes ocuparán la Tierra entonces? La población en los 49 países más pobres del mundo se duplicará, de 840 millones hasta los 1.700 millones de personas, según apunta el informe Perspectivas sobre la población mundial, difundido en 2008 y elaborado por la División de Investigación Demográfica y Población Mundial de la ONU.

Los países desarrollados, en contraste, no sufrirán un cambio significativo en su población: de 1.230 millones de habitantes en 2009 a 1.280 millones en 2050. Incluso, Japón, Georgia, Rusia y Alemania perderán un 10% de población. El científico y escritor británico Fred Pearce opina que el problema no está en cuántos somos, sino en la manera en que repartimos los recursos. "Es evidente que el problema es el consumo excesivo de los países desarrollados y no la sobrepoblación de los más pobres", afirma.

El consumo de una persona en EE UU emite 20 toneladas de dióxido de carbono cada año; el equivalente de dos europeos, cuatro chinos, diez hindúes o 20 africanos. El 80% de la población pagaría las consecuencias económicas y ambientales del consumo de un 20%. Stephen Pacala, director del Instituto Ambiental de la Universidad de Princeton (EE UU), calcula que los 500.000 habitantes más ricos del mundo -cerca de un 0,7% de la población actual- son responsables del 50% de las emisiones de dióxido de carbono del mundo.

Y la situación no hará sino agravarse en los próximos años. "El reto es, en realidad, que los recursos se repartan de una manera más equitativa. Los efectos sobre el medio ambiente son extremadamente difíciles de revertir a través de las tasas de natalidad", advierte Pearce. "Aun si redujéramos a cero la fertilidad en el mundo, las emisiones de gases con efecto invernadero deberían rebajarse, por lo menos, un 50% para mediados de siglo", explica.

Además de los efectos del cambio climático, los países menos desarrollados se enfrentan al hambre, la causa directa o indirecta de un 58% del total de muertes del mundo según un estudio de la ONU difundido en 2004. El Instituto de Recursos Mundiales (WRI, en inglés) advirtió la semana pasada de que en 2050 habrá otros 25 millones de niños desnutridos en el mundo, que se añadirán a los 150 millones que sufren hambre en la actualidad. Los niveles de pobreza continuarán aumentando: entre 1981 y 2001, el número de personas que vivían con menos de un dólar al día en África Subsahariana se duplicó. De 164 millones hasta 316 millones; y en los próximos 40 años, dos tercios de la población mundial vivirá en países en vías de desarrollo.

El hecho es que hoy en día, mil millones de personas (un sexto de la población mundial) sufren hambre. En 2050, serán 1.700 millones, un 18% de la población prevista para entonces. Además del deterioro ambiental, los conflictos y el bajo desarrollo causan la escasez de alimentos. Los agricultores africanos emplean el equivalente a 1% del fertilizante que utiliza un agricultor en un país rico. Y mientras en los países pobres consumen una dieta basada en vegetales, los ricos consumen comida que come vegetales. Para producir un kilo de carne son necesarios, por lo menos, 10 kilos de pasto. Un estadounidense promedio consume 120 kilos de carne al año; mientras que en los países en vías de desarrollo, el promedio es de 28 kilos.

"La cooperación marcaría una diferencia significativa", según afirma Stephen Pacala. "Las hambrunas se deben, en la mayoría de las ocasiones, al pobre desarrollo de los países y a que la producción ha sido insuficiente", comenta. La falta de tecnologías que desarrollen la agricultura en los países menos desarrollados y los efectos de la crisis económica global empeora las circunstancias.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO, en inglés) advirtió en 2008 que el gasto anual en alimentos importados en los países más pobres podría suponer cuatro veces más que en 2000. "Para los consumidores más pobres, que gastan un 60% de su gasto habitual en comida, el aumento significa un golpe brutal para sus finanzas", observa el informe. La FAO también señala que para combatir el hambre, el mundo debe producir en 2050 un 70% más de alimentos que en la actualidad.

El reto no es nuevo. La llamada revolución verde consiguió duplicar la producción de alimentos entre 1960 y 1990. Y, en la actualidad, aún existe un 60% de tierra fértil en el mundo. ¿Pero qué garantiza a los países pobres un desarrollo sostenible en los próximos años? Pearce y Pacala coinciden que un buen inicio es la inversión. Un informe del Ministerio de Desarrollo Británico calculó en 2008 que para reducir el hambre en el mundo serían necesarios, por lo menos, unos 900 millones de libras (unos 987 millones de euros) para garantizar el desarrollo y las tecnologías necesarias para favorecer la agricultura en los países más pobres.

El presupuesto de la FAO sumó en 2008 unos 870 millones de dólares (unos 580 millones de euros). En 2009 ascendió ligeramente, hasta 930 millones de dólares (unos 626 millones de euros). Al comparar la cifra con los 700.000 millones de dólares (471.000 millones de euros al tipo de cambio actual) que el Gobierno de EE UU destinó para evitar la quiebra del banco de inversión Bear Stearns, las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae y la aseguradora AIG en septiembre del año pasado. El presupuesto mundial dedicado a combatir el hambre apenas representa un 2% de esa cifra.

Los líderes reunidos en la reciente cumbre del G-20 celebrada en Pittsburgh en septiembre pasado acordaron destinar unos 2.000 millones de dólares (1.370 millones de euros) a ayudas para combatir el hambre del mundo, pero un estudio publicado por el Instituto Internacional para la Investigación de Políticas Agrarias difundido en octubre señala que es insuficiente. "Son necesarios al menos unos 7.000 millones de dólares [unos 4.710 millones de euros] al año para la investigación agropecuaria y la mejora de la infraestructura rural en los países. De continuar con una política que privilegie las ganancias, las consecuencias serán desastrosas", advierte Gerard Nelson, uno de los autores del informe.

La prioridad para resolver el hambre, un grave efecto de la mala repartición de recursos en el mundo tampoco es nueva. Preguntado en 1972 en una entrevista con Dick Cavett sobre los efectos de la sobrepoblación, John Lennon fue claro en definir el primer paso: "Tenemos suficiente comida y dinero para alimentar a todos. Hay suficiente espacio, y algunos hasta van a la Luna".


Fuente: ElPais.com
Autor: Verónica Calderón

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

II Cumbre América del Sur-África (ASA): histórica pero pobre en resultados

Con la firma de una declaración de 95 puntos que ratifica el compromiso de fortalecer los vínculos existentes y aumentar la cooperación entre ambas regiones se realizó en Isla Margarita (Venezuela) la II Cumbre América del Sur-África (ASA). Catorce ámbitos fueron contemplados en el documento de 30 páginas que incluyó desde la promoción de la cooperación multilateral, la paz y la lucha contra la pobreza, hasta el fomento de la democracia, la agricultura, el deporte y la protección del ambiente. "Se trató de una iniciativa loable, cuyos objetivos son a muy largo plazo", afirmó Adolfo Salgueiro, jefe de la cátedra de Derecho Internacional de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab). "Pero en lo inmediato -agrega-, no pueden esperarse realizaciones importantes, salvo retórica y buenos propósitos, que fue lo que en definitiva ocurrió".

La reunión dejó, en efecto, solo enunciados generales como el reconocimiento sobre los efectos adversos del problema de la droga, de los peligros y consecuencias negativas de la 'piratería' o la importancia del agua como elemento esencial para la vida.

Asistencia plena

Para los organizadores, la Cumbre de Margarita fue un éxito en términos de asistencia: 61 de 74 países posibles enviaron delegaciones (más del doble de los que asistieron a la I Cumbre efectuada en Abuja, Nigeria, en 2006). La delegación colombiana estuvo encabezada por la vicecanciller Clemencia Forero. El presidente Álvaro Uribe no asistió porque no estaba prevista en su agenda, según fuentes del Gobierno. Una carpa instalada para alojar al y la presencia de 20 jefes de Estado de África junto a ocho de Latinoamérica contribuyó a darle mayor relevancia al encuentro, líder libio Muamar Gaddafi, el juego de fútbol que protagonizó el mandatario boliviano Evo Morales, y el fuerte despliegue de seguridad que acompañó al presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, alimentaron las notas de color de la Cumbre. Desde Cuba, el ex presidente Fidel Castro calificó de "cálida y fraternal" la reunión "donde se abordaron con gran franqueza los problemas del Tercer Mundo"; y el presidente Hugo Chávez "brilló y vibró".

Para Salgueiro, el mandatario venezolano supo sacar provecho político a un encuentro que no dejó ninguna realización concreta. Salvo por Venezuela, que firmó ocho instrumentos de cooperación energética y petrolera con Sudáfrica, Mauritania, Níger, Sierra Leona, Mali, Namibia, y la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para la producción de semillas, la integración no pasó del papel.

Controversia en la cumbre

La cumbre tampoco escapó de la controversia. La propuesta de las naciones africanas para condenar el pago por rescates a organizaciones terroristas desapareció misteriosamente de la declaración, lo que motivó un reclamo de la diplomacia argelina. Al final el apartado fue incorporado en el párrafo 26 junto a una iniciativa de Colombia para "condenar el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones". El canciller venezolano Nicolás Maduro pidió en reiteradas oportunidades a los diplomáticos que renunciaran a sus derechos de palabra para conversar en privado las divergencias. Senegal llegó, incluso, a reclamar que el texto de la Declaración no estaba en manos de todas las delegaciones. Al final, las propuestas de mayor realce quedaron circunscritas a los discursos presidenciales y fuera de la declaración final. Así ocurrió con la idea de crear un organismo alterno a la Otan, planteada por Gaddafi, la condena al golpe de Estado en Honduras formulada por el presidente de Brasil Luiz Inácio 'Lula' Da Silva, y la iniciativa de construir un sistema financiero propio para los países del sur que sugirió el ecuatoriano Rafael Correa. La presencia en Margarita de Gaddafi, quien lleva 40 años gobernando Libia, y el apoyo moral y político que expresó Chávez a favor de Mugabe (con casi 30 años en el poder), generaron críticas contra lo que se consideró como una concesión al autoritarismo.

La Cumbre dejó también al descubierto las asimetrías entre África y Latinoamérica y puso sobre la balanza la validez, a ambos lados del Atlántico, de conceptos como la democracia y los derechos humanos. Tales principios fueron suscritos por el presidente de Mauritania, Mohamed Abdelaziz, quien llegó al poder hace un año tras dar un golpe de Estado, o el mandatario de Gambia, Yahya Jammeh, que amenazó con matar los activistas de derechos humanos tres días antes del inicio de la reunión.

Pero más allá de las contradicciones en cuanto a la naturaleza de sus dirigentes y su concepto de democracia, las metas que se proponen Suramérica y África "trascienden la forma de gobierno de sus países y son legítimas", sostiene el jefe de la cátedra de Derecho Internacional de la Ucab. Ambas regiones comparten un campo común de acción en instancias como la Organización Mundial de Comercio (OMC) para promover los intereses del tercer mundo frente a los países desarrollados.

El presidente 'Lula' destacó que el intercambio comercial birregional pasó de 6 mil millones a 36 mil millones de dólares en los últimos seis años. Pero este crecimiento obedece casi exclusivamente a Brasil, el único país suramericano con vocación africana. Para Salgueiro, lo único que se puede esperar en materia de integración África-Suramérica es "definir cuáles son los campos en los que puede haber cooperación y alcanzar alguna clase de entendimiento mínimo cultural para poder avanzar"


Fuente: Cambio.com.co

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lunes, 29 de junio de 2009

1020 millones de personas pasan hambre

Una sexta parte de la humanidad sufre desnutrición, la mayor cifra hasta hoy

El hambre en el mundo alcanzará un récord histórico en 2009, con 1.020 millones de personas que pasan hambre a diario, según los últimos datos publicados hoy por la FAO.

El reciente incremento del hambre no es consecuencia de las malas cosechas, está causado por la crisis económica mundial, que ha provocado a su vez una disminución de los ingresos y un incremento del desempleo. De este modo se ha reducido el acceso de los pobres a los alimentos, según la Organización de la ONU.

"Una mezcla explosiva de desaceleración económica mundial y precios de los alimentos que se empeñan en permanecer altos en muchos países, ha empujado a unos 100 millones de personas más al hambre y la pobreza", aseguró el Director General de la FAO, Jacques Diouf. "Esta crisis silenciosa del hambre -que afecta a uno de cada seis seres humanos- supone un serio riesgo para la paz y la seguridad mundiales. Necesitamos crear con urgencia un amplio consenso para la erradicación rápida y completa del hambre en el mundo y para dar los pasos necesarios", añadió.

"La situación actual de inseguridad alimentaria mundial -subrayó- no nos puede dejar indiferentes".

Los países pobres, según Diouf, "necesitan las herramientas de desarrollo, económicas y políticas necesarias para impulsar su producción agrícola y su productividad. Es necesario incrementar la inversión en agricultura, ya que en la mayoría de los países pobres un sector agrícola saludable es clave para vencer al hambre y la pobreza y supone un requisito previo para el crecimiento económico".

"Muchos de los que sufren pobreza y hambre en el mundo son pequeños campesinos en los países en desarrollo. Pero tienen el potencial no solamente de cubrir sus propias necesidades, si no también de mejorar la seguridad alimentaria y catalizar un mayor crecimiento económico. Para liberar este potencial y reducir el número de víctimas del hambre en el mundo, los gobiernos -con el apoyo de la comunidad internacional-, necesitan proteger las inversiones clave en la agricultura, de forma que los pequeños campesinos tengan acceso no solo a semillas y fertilizantes, si no también a tecnologías adaptadas para ellos, infraestructuras, financiación rural y mercados", explicó Kanayo F. Nwanze, Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

"En la mayoría de los países en desarrollo no existe apena duda de que invertir en los pequeños agricultores supone crear la red de seguridad más sostenible, en especial en tiempos de crisis económica mundial", añadió Nwanze.

"El rápido avance del hambre continúa provocando una enorme crisis humanitaria. El mundo necesita trabajar unido para garantizar que se atienden las necesidades de emergencia y se buscan soluciones a largo plazo", señaló por su parte Josette Sheeran, Directora Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

El hambre aumenta

Al tiempo que se lograron importantes progresos para reducir el hambre crónica en la década de 1980 y la primera mitad de la de 1990, el hambre aumentó lenta pero inexorablemente durante la última década, según la FAO. El número de hambrientos se incrementó entre 1995-97 y 2004-06 en todas las regiones del mundo, excepto en Latinoamérica y el Caribe. Pero incluso en esta última región, los progresos en la reducción del hambre se han visto anulados como consecuencia del alza de los precios alimentarios y la actual crisis económica. (ver informe)

Este año, debido principalmente a los vaivenes de la crisis económica combinados con precios a menudo muy altos a nivel nacional, se espera que el número de víctimas del hambre aumente en conjunto cerca del once por ciento, según previsiones de la FAO basadas en los análisis del Departamento de Agricultura de EE.UU.

Casi toda la población desnutrida del planeta vive en países en desarrollo. En Asia y el Pacífico se calcula que unos 642 millones de personas sufren hambre crónica, 265 millones en África subsahariana, 53 millones en Latinoamérica y el Caribe, 42 millones en África del norte y Oriente medio y 15 millones en los países desarrollados.

Atrapados por la crisis

Los pobres urbanos serán probablemente los que tengan más dificultades para hacer frente a la recesión mundial, ya que el descenso de la demanda de exportaciones y la reducción de la inversión extranjera directa causarán un aumento del desempleo urbano. Pero las zonas rurales tampoco se librarán, ya que millones de residentes urbanos se verán forzados a regresar al campo, obligando en muchos casos a los pobres rurales a tener que compartir esta carga.

Algunos países en desarrollo se enfrentan también al hecho de que las remesas que los emigrantes envían a sus hogares han descendido de forma notable este año, con la consiguiente disminución de entrada de divisas y de ingresos para las familias. La disminución de las remesas y el recorte previsto en la ayuda oficial al desarrollo limitará aún más la posibilidad de que los países accedan a capital para sostener la producción y crear redes de seguridad y sistemas de protección social para los pobres.

A diferencia de crisis anteriores, los países en desarrollo tienen menos capacidad de maniobra para adaptarse al rápido deterioro del contexto económico, ya que las turbulencias afectan prácticamente a todo el mundo de forma más o menos simultánea. Las oportunidades para mecanismos reparadores, como la devaluación de la moneda o conseguir préstamos en el mercado internacional de capitales, por ejemplo, para ajustarse a los vaivenes macroeconómicos, son más limitadas en una situación de crisis mundial.

La crisis económica se produce además a continuación de la crisis alimentaria y energética de 2006-08. Mientras que los precios de alimentos han bajado de forma sustancial en los últimos meses en los mercados mundiales, a nivel doméstico en los países en desarrollo este descenso se ha producido de forma más lenta. Los precios han permanecido de media un 24 por ciento más elevados en términos reales a finales de 2008, en comparación con 2006. Para los consumidores pobres, que gastan hasta un 60 por ciento más de sus ingresos en alimentos básicos, ello supone una fuerte reducción de su poder adquisitivo efectivo. Hay que señalar además que si bien bajaron, los precios internacionales de los alimentos básicos son todavía un 24 por ciento más altos que en 2006 y un 33 por ciento más elevados que en 2005.

El informe sobre el hambre en 2009 (El estado de la inseguridad alimentaria mundial, también conocido por sus siglas en inglés, SOFI), será presentado el próximo mes de octubre.


Fuente: FAO / Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación

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martes, 9 de diciembre de 2008

La FAO dice que este año 40 millones de personas más pasan hambre y ya son 963 millones

  • Pese a que bajó el precio de los alimentos, sigue creciendo la hambruna.
  • El Congo es el país donde más ha crecido la población hambrienta.
  • Piden más inversiones para lograr bajar a la mitad el hambre en 2015.

Otros 40 millones de personas han sido abocadas al hambre este año debido principalmente al alza de los precios alimentarios, según las cifras preliminares dadas a conocer hoy por la FAO.

Con ello la cifra total de desnutridos en el mundo se eleva ya a 963 millones, comparada con los 923 millones de 2007 , mientras que la actual crisis económica y financiera puede conducir todavía a más gente hacia el hambre y la pobreza, según alertó hoy la Organización de la ONU.


"Los precios de los alimentos han bajado a nivel mundial desde principios de 2008, pero este descenso no ha solucionado la crisis alimentaria en muchos países pobres", dijo el Director General Adjunto de la FAO Hafez Ghanem, al presentar la última edición del informe de la FAO sobre el hambre: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo (SOFI 2008 en PDF).

"Para millones de personas en los países en desarrollo, contar a diario con una cantidad mínima de alimentos para llevar una vida sana y activa es un sueño todavía miy lejano. Las causas estructurales del hambre, como la falta de acceso a la tierra, crédito o empleo, combinados con los altos precios de los alimentos, continúan siendo una triste realidad", aseguró.

Con precios de semillas y fertilizantes (y de otros insumos) a más del doble de su nivel de 2006, los campesinos pobres no han podido aumentar su producción.

"El objetivo -añadió- de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de 1996, de reducir a la mitad la cifra de hambrientos en 2015, requiere un fuerte compromiso político e inversiones en los países pobres de al menos 30 000 millones de dólares anuales para la agricultura y cobertura social para los pobres".

El mapa del hambre

La gran mayoría de las personas desnutridas en el mundo -907 millones- vive en países en desarrollo, según los datos de 2007 que ofrece El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. De ellas, el 65 por ciento se concentra en siete países: India, China, la República Democrática del Congo, Bangladesh, Indonesia, Pakistán y Etiopía. Los progresos en los países de mayor población tendrán un importante impacto en la reducción del hambre a nivel mundial.

En África subsahariana, una de cada tres personas (236 millones en 2007) sufre de desnutrición crónica, el porcentaje más alto de personas desnutridas sobre el total de la población, según el informe.

La mayor parte del incremento de hambrientos ha tenido lugar en un único país: la República Democrática del Congo, como resultado de un conflicto generalizado y persistente.

Fuente: 20minutos.es

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