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viernes, 3 de junio de 2011

El precio de los alimentos se duplicarán hacia el 2030

Oxfam acaba de publicar un informe titulado 'Cultivar un futuro mejor' en el que alerta de la insostenibilidad del sistema alimentario mundial e insta a los gobiernos a que tomen medidas"Los golpes caen como martillazos: la sequía de 2005, la crisis del precio de los alimentos de 2008, la sequía de 2010. Y en tres años el cambio climático nos empujará hacia nuestra segunda crisis alimentaria", sentencia la organización de ayuda humanitaria Oxfam en el informe Cultivar un futuro mejor, donde analiza los desajustes del sistema alimentario internacional. El documento señala que los precios de los alimentos básicos se duplicarán en 2030 a menos que los gobiernos tomen medidas. Ese año, el costo medio de los productos agrícolas aumentará entre un 120% y un 180% debido al cambio climático y a la creciente escasez de recursos, según las predicciones de la ONG.

El Banco Mundial se pronunció sobre este aumento de precios en abril. Según el organismo, la subida se sitúa ya en torno al 36% con respecto al mismo periodo del año anterior y está llevando a muchas personas a la extrema pobreza. "A inicios de 2011 había 925 millones de personas hambrientas en todo el mundo. Cuando el año termine, el clima extremo y el alza en el precio de los alimentos pueden llevarnos de vuelta a la cifra de 1.000 millones, un pico que se alcanzó en 2008", advierte Oxfam en su informe.

La ONG pide a los líderes mundiales que regulen los mercados de materias primas, que aumenten las reservas de alimentos y que inviertan en pequeñas granjas, particularmente las manejadas por mujeres. "Es preciso reformar el sistema si queremos superar los desafíos del cambio climático, combatir la espiral de precios y la escasez de tierra, agua y energía", afirma la directora ejecutiva de la organización humanitaria, Barbara Stockman, citada en el comunicado.

Oxfam plantea también la necesidad de detener las políticas de promoción de biocombustibles, que han restado áreas de cultivo a la producción alimentaria y han subido el precio de algunos cereales, como el maíz, que se emplea para producir combustibles alternativos al petróleo.

Una de las soluciones que propone el informe es la creación de un fondo especial que ayude a los habitantes del planeta a protegerse del impacto negativo de este fenómeno y los prepare para cultivar los alimentos que precisen. La ONG quiere introducir esta idea entre los puntos a tratar en la cumbre sobre el cambio climático en Suráfrica el próximo diciembre y pide a los líderes mundiales que tomen cartas en el asunto más allá de esta cita: "El G20 puede desarrollar el consenso y recurrir a su poder económico y financiero para orientar la inversión y movilizar la financiación necesaria. Pero no cuenta con la membresía mundial suficiente ni con la estructura para lograr la transición por sí solo. La Cumbre Río+20 en Brasil en junio de 2012 puede ofrecer precisamente la oportunidad que se necesita", menciona el documento.


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• Cultivar un futuro mejor / Oxfam (pdf 4.04 mb)
• Cultivar un futuro mejor / Oxfam - Resumen (pdf 706.69 kb)




Fuente: ElPais.com / Oxfam advierte que los precios de los alimentos se duplicarán en 2030
Fotografía: Tres mujeres cargan la recolección después de trabajar la tierra / Portada del informe 'Cultivar un futuro mejor'.



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jueves, 7 de abril de 2011

La catástrofe de Japón pone a prueba la fe en Dios

La tierra tiembla, una enorme marea se cierne sobre el país. El número de muertos, heridos y desaparecidos aún no está claro y tampoco es posible todavía tener una idea cierta de la magnitud del accidente nuclear.

Estos sucesos de tinte apocalíptico en Japón llevan a una de las grandes preguntas que ocupa a la humanidad desde que existen las religiones: ¿Por qué sufren las personas?

En especial, las religiones monoteístas se preguntan: ¿Por qué un Dios que es considerado bondadoso hace sufrir a los inocentes con este tipo de catástrofes?

Generaciones de pensadores se ocuparon de este dilema sin solución. El Nuevo Testamento, sobre todo, habla de un Dios amoroso, sin que por eso no haya desgracias que afectan justamente a los inocentes. El filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) llegó a una conclusión en su obra “Teodicea” de 1710: el mundo en el que vivimos es el mejor de los mundos posibles. Y este mundo también tiene el potencial de mejorar.

Y entonces, en 1755, tembló la tierra en Portugal. Lisboa quedó casi completamente destruída, murieron unas 100.000 personas y también hubo un tsunami.

La catástrofe conmocionó a toda Europa. La inmensa violencia de la naturaleza, el gran número de muertos, el infierno en la ciudad destruída, que ardió en llamas debido a las velas encendidas de los templos que fueron derribados, todo era tan difícil de entender que el mundo ya no era bueno y bello y Dios ya no podía ser considerado justo.

El filósofo francés Voltaire escribió profundamente resignado en una carta a un amigo que el terremoto de Lisboa fue “un cruel ejemplo de filosofía natural”. “Nos resultará difícil descubrir cómo operan las leyes del movimiento durante esos terribles desastres en el mejor de todos los mundos posibles; cuando cien mil hormigas, nuestros vecinos, son aplastadas en un solo segundo en nuestros hormigueros (…) y mueren con una agonía sin duda inexpresable, bajo escombros de los que ha sido imposible sacarlos (…) ¡La vida es un juego de azar!”.

El terremoto de Lisboa tuvo gran influencia tanto en la filosofía, la literatura como en la teología, como notó también más tarde el escritor alemán Johann Wolfgang Goethe: “Quizá nunca antes el demonio del horror propagó tan rápido y con tanta fuerza por el mundo sus estremecimientos”.

El profesor de teología alemán Klaus Bieberstein afirma que desde hace miles de años hay distintos modelos que intentan explicar por qué sufren los inocentes. En el Antiguo Oriente, por ejemplo, se consideraba que aunque uno no haya hecho nada malo, se es castigado por culpa de los antepasados y por los errores que cometieron. Sin embargo, el profeta Ezequiel del Antiguo Testamento lo rechaza: Dios da la posibilidad de empezar de nuevo.

Ezequiel también se opone a la idea de que el individuo es inocente pero debe sufrir en representación del resto de una sociedad pecadora. “Ezequiel rechaza esto: Dios no traslada culpas de A a B”, explica Bieberstein. Sin embargo, fue el primer cristianismo el que asumió la idea de que Jesús murió en la cruz por los pecados del resto de la humanidad.

Otros se preguntan en qué medida se concilian las ideas del mal en el mundo con un Dios todopoderoso. ¿Creó también él el mal? ¿Logró limitar el caos al crear el mundo y sigue luchando contra el caos? Otro modelo, según Bieberstein, traslada la pregunta de la justicia de Dios al más allá: si bien el mundo produce víctimas, Dios no permitirá que venza el mal.

El sacerdote evangélico Werner Thiede, que enseña teología en la Universidad de Erlangen-Nuremberg, entiende que con las catástrofes se eleven este tipo de preguntas que cuestionan el sentido del sufrimiento. Sin embargo, Thiede apunta que el cristianismo no habla de un Dios que gobierna sobre todo. “Cuando en el Padrenuestro decimos ‘venga a nosotros tu reino’, eso quiere decir que el dominio de Dios aún no es completo”.




Fuente: Noticias24.com /dpa
Autor: Kathrin Zeilmann
Fotografía: Toru Yamanaka / AFP Photo



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viernes, 11 de marzo de 2011

Japón arrasada por terremotos y tsunami + video

Un poderoso terremoto sacudió este viernes el noreste de Japón, causando un tsunami que ha dejado graves daños.

La televisión japonesa mostró imágenes de automóviles, barcos y edificios siendo arrastrados por el agua en las prefecturas de Fukushima y Miyagi, después del sismo de 8,9 grados en la escala de Richter.

El alerta de tsunami fue ampliado a Indonesia, Filipinas, la costa del pacífico de Rusia y Hawai, e igualmente cubre a Australia y la costa pacífica de Sudamérica.

Sin embargo, todavía no hay reportes confirmados de víctimas fatales.



"Parecía una película"

BBC Mundo se comunicó con Ignacio Montesinos, un ingeniero español basado en Tokio, la capital japonesa, quien relató la manera como vivió el sismo.

"Parecía una película. La ciudad se ha paralizado; no hay trenes y los (teléfonos) móviles no van. La gente esta asustada".

Montesinos prosiguió: "Estaba trabajando en el laboratorio de un noveno piso en Tokio, Meguro ku. Los terremotos cotidianos duran dos segundos, hacen que las lámparas se muevan y ya. Hoy fue increíble... ordenadores tambaleándose, gente corriendo por los pasillos, estanterías que caían... Nunca vi esto antes y me consta que mis compañeros y senseis (profesores) tampoco".

"Apagué el gas y la luz (te lo enseñan al llegar a Japón y en clase de japonés). Bajé por la escalera de emergencia, externa al edificio, pero me costaba acertar a poner el pie en el escalón por lo que se movía... Abajo ya, más calmado. Este país y su gente están preparados".


A 400 kilómetros de Tokio

El epicentro del terremoto fue localizado a unos 400 kilómetros de Tokio y a unos 32 kilómetros de profundidad.

El sismo, que se produjo a las 14:46 hora local (05:46 GMT) ha tenido una serie de fuertes réplicas.

Inicialmente, la intensidad del movimiento telúrico fue calculada por el Servicio Geológico de Estados Unidos en 7,9 grados, luego en 8,8 y finalmente en 8,9 en la escala de Richter.

Según los sismólogos, se trata de uno del terremoto más fuerte registrado en Japón en 140 años.

El servicio de tren rápido fue suspendido, y las autoridades japonesas también informaron del cierre temporal de al menos cinco plantas nucleares.

El primer ministro japonés, Naoto Kan, dijo que ha habido filtración de radiación de las centrales atómicas.

El terremoto, el tsunami y también los incendios provocados por el sismo en varias partes de Japón, incluyendo la capital, parecen haber afectado gravemente varias partes del territorio.

Aviones militares fueron enviados para evaluar los daños.



Fuente: BBC Mundo / "Terremoto y tsunami en Japón"


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lunes, 14 de febrero de 2011

Adiós a la comida barata. Por Claudi Pérez

El empuje chino e indio, las malas cosechas y el pánico comprador de varios Gobiernos provocan la segunda crisis alimentaria en tres años y las algaradas en países pobresAdnan Nevic (Sarajevo, 1999) está a punto de entrar en una edad complicada. Naciones Unidas le escogió en su día como el habitante número 6.000 millones del planeta. En apenas 12 años, ese niño bosnio ha sido testigo de una especie de montaña rusa económica; una fenomenal expansión al inicio, coronada con la mayor crisis desde la Gran Depresión. A punto de cumplirse el cuarto aniversario de la crisis, cuando ya parecía que ese relato se aproximaba al final, empieza a escribirse un nuevo capítulo: explota la segunda crisis alimentaria de los tres últimos años, combinada con las primeras algaradas sociales en el Norte de África. Hay múltiples causas que explican esa coda de la Gran Recesión. Los precios dan siempre señales de que algo sucede, y los máximos que han alcanzado los precios alimentarios hablan de sequías e inundaciones, de especulación, de barreras comerciales, de subsidios en el mundo rico, de biocombustibles, de encarecimiento del petróleo; de montones de cosas importantes.

Todo eso está detrás de los espectaculares picos en la cotización de los alimentos, pero la tendencia de fondo se explica por dos causas fundamentales, de largo aliento: China, India y en general los emergentes asiáticos crecen a toda velocidad y eso, a la hora de cenar, significa que chinos e indios comen más (y mejor) que nunca. La segunda razón es la que le va a quitar protagonismo a nuestro Adnan Nevic: Naciones Unidas elegirá al habitante número 7.000 millones del planeta antes de que acabe 2011. Su efímera fama habrá durado apenas 12 años. La economía gestiona recursos escasos; a esa velocidad, cada vez más escasos.

Los precios de los alimentos llevaban varias décadas en un suave declive, hasta principios del siglo XXI. A partir de entonces empezaron a subir de forma persistente, alcanzando niveles máximos a mediados de 2008. Ya en ese momento hubo convulsiones sociales en una veintena de países, pero la Gran Recesión enmascaró esos problemas por un tiempo. Los precios cayeron rápidamente por el descenso de la demanda en todo el mundo, pero todo gran terremoto tiene su réplica: apenas dos años después los alimentos vuelven a estar muy caros y son una de las razones de las protestas que desencadenaron la crisis en Túnez y el efecto contagio en las calles de Yemen, Argelia, Jordania y Egipto.

Hay numerosas variables que explican ese fenómeno desde un punto de vista coyuntural: "Se trata de una serie de acontecimientos dispares que se han reforzado mutuamente y han alcanzado el punto crítico al mismo tiempo", resume Federico Steinberg, del Instituto Elcano. En condiciones normales, los mercados se acercarían al límite actual para luego tranquilizarse. Pero estas no son condiciones normales, y el mercado alimentario tiene características muy peculiares como para no prestar atención a lo que está sucediendo, a todo ese ramillete de causas que vienen a unirse a la tendencia de fondo: la emergencia de China e India, la imparable pujanza de la población mundial, las dificultades para dar de comer más y mejor a cada vez más gente sin que la productividad de la agricultura mejore sustancialmente desde hace tiempo. "Todo eso lleva a los expertos a considerar que la era de los alimentos baratos (y de otras materias primas) toca a su fin", resume Gonzalo Fanjul, de Intermón Oxfam.

En la crisis actual se repite la secuencia de 2008: una pieza en dos actos. Durante un tiempo, incrementos de precios por el tradicional juego de oferta y demanda: malas cosechas por sequías o inundaciones cada vez más frecuentes a causa del cambio climático; reducción del nivel de existencias; cultivos que dejan de dedicarse a la alimentación para producir biocombustibles, ese tipo de cosas. Y a partir de ahí un segundo acto marcado por decisiones políticas cuestionables como las restricciones a la exportación, esta vez en Rusia y Ucrania, países productores en los que ha habido malas cosechas y que quieren controlar los precios. Y ante las primeras algaradas sociales en los países más vulnerables, los Gobiernos reaccionan con algo parecido al pánico comprador: Argelia, Arabia Saudí, Bangladesh, Indonesia, Afganistán e India han anunciado que llenarán sus graneros de maíz, arroz o trigo para evitar que se repitan protestas. Paradójicamente, esa política contribuye decisivamente a las alzas de precios. "Eso es lo verdaderamente preocupante. Y ese tipo de anuncios atraen además a los especuladores", explica Vicente Pallardó, de la Universidad de Valencia.

Los costes de algunos alimentos se acercan o sobrepasan ya los picos de 2008. Hace unos días, la FAO (el organismo de Naciones Unidas encargado de la agricultura) anunció que el índice de precios que agrupa a los principales productos básicos superó todos los récords en diciembre, y batió de nuevo esas marcas en enero. El encarecimiento fue de un 30% en 2010, y el Banco Mundial prevé que los precios elevados -unidos a una gran volatilidad- se mantengan al menos hasta 2015. Los egipcios gastan casi la mitad de su renta en alimentos: en los países más pobres ese gasto se lleva hasta dos tercios de los ingresos de una familia media. En esos lugares, las alzas de precios "son una amenaza para el crecimiento y para la estabilidad social", según Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, que ha reclamado al G-20 que dé prioridad a la crisis alimentaria. Razones no faltan: hay casi mil millones de personas que sufren hambre en todo el mundo; más del 60% son mujeres. Y un tercio de la mortalidad infantil en todo el mundo se atribuye a la malnutrición.

El alud de informaciones para entender la magnitud del problema es sensacional. El precio del trigo en los mercados de Reino Unido alcanzó en enero un máximo histórico. En Argelia ha habido disturbios por la escasez de alimentos. La inflación en India se encarama hasta rozar el 20% a causa de los alimentos, lo que ha llevado a su Gobierno a amasar existencias. China busca en el extranjero grandes cantidades de trigo y maíz, y México empieza a hacer lo mismo para evitar una reedición de la crisis de las tortillas. "En general, los accidentes climáticos explicaban buena parte de los picos en los precios hace unos años. En 2008 fueron los fondos especulativos los culpables de las subidas. La buena noticia es que ahora la principal razón es que el mundo emergente ha salido de la crisis a toda velocidad y eso explica ese encarecimiento repentino, por la mayor demanda. Se trata de algo positivo: las gentes comen ahora más y mejor en esos países. Desde luego eso provoca dificultades en otros países de bajos ingresos, pero la otra cara de la moneda son los productores de alimentos: en Argentina o Brasil no puede hablarse de malas noticias", afirma Rolf Campos, profesor de la escuela de negocios IESE en Madrid. Aunque buena parte de los márgenes no se lo lleven los pequeños productores, sino las grandes multinacionales del sector agroalimentario.

"Los altos precios probablemente persistan durante meses. La agricultura no es como otras industrias: transcurre tiempo para que las inversiones permitan que la oferta crezca", explica Abdolreza Abbassian, economista de la FAO, que en las últimas semanas ha puesto el acento en las dificultades que añade la volatilidad extrema de las cotizaciones. No va a ser fácil reducir esos vaivenes. Hace unos días, en Davos, el presidente francés Nicolas Sarkozy se preguntaba si es de recibo que un solo especulador pueda adquirir de una tacada un 15% de la producción mundial de cacao en una operación "sin pagar un solo céntimo" para después revenderla. "¿Eso es lo que hace el mercado? ¿Eso es lo normal?", decía.

"La seguridad alimentaria ha entrado en la agenda del G-20 y eso es positivo", afirma Máximo Torero, del think tank estadounidense IFPRI, que apunta posibles soluciones: "Hay que crear una unidad de inteligencia alimentaria para conseguir más transparencia sobre las reservas y evitar situaciones de pánico, con un mecanismo de alerta para no llegar a situaciones límite, y hay que regular el mercado de futuros para limitar la especulación". "Hay que hacer todo eso y sin embargo los tres últimos años demuestran que el desgobierno es completo en el mercado alimentario: ni siquiera con la banca se hacen menos cosas", añade Fanjul.

La lucha contra ese problema nunca ha sido fácil. A mediados del siglo pasado, el hambre asolaba India tras una grave sequía: un tipo llamado Norman Borlaug consiguió nuevas variedades de semillas de trigo y obró el milagro, la productividad mejoró y millones de personas dejaron de pasar hambre. Borlaug ganó el Nobel en 1970 y lo que hizo se conoce como revolución verde (aunque el uso de plaguicidas ha contaminado los acuíferos de las regiones en las que se aplicó su idea, según algunas fuentes). "Necesitamos una segunda revolución verde, y rápido", reivindica Pallardó, "porque la productividad agrícola se ha estancado y en cambio la población alcanzará los 9.000 millones en 2050". Para entonces, probablemente el mundo habrá olvidado a Adnan Nevic, el ciudadano 6.000 millones. Aunque nunca se sabe. Un tal Thomas Malthus, un apacible clérigo y matemático que vivió a caballo del siglo XVIIII y el XIX, dejó escrito hace más de 200 años lo que se conoce como maldición malthusiana: "La capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la de la tierra para producir alimento para la humanidad". El capitalismo industrial tendió un puente por encima del abismo demográfico malthusiano: ese peligro se ha evitado durante dos siglos y Malthus ha sido perfectamente olvidado durante años. En el tiempo que usted emplea en leer este artículo nacerán unas 900 bocas que alimentar: es posible que los genetistas y la tecnología consigan esa segunda revolución verde, pero de momento Malthus está siendo reivindicado. El economista John Keynes, también semiolvidado durante años, atribuía a Malthus "una profunda intuición económica". Y conviene fiarse de Keynes.



Fuente: ElPais.com
Autor: Claudi Pérez es periodista en la sección de economía del diario El País.
Fotografía: AFP



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miércoles, 21 de abril de 2010

La nube volcanica sobre Europa costó US$1.700 millones

Las aerolíneas perdieron alrededor de US$1.700 millones de ingresos como resultado del caos provocado por la erupción del volcán islandés. 1



La cifra fue calculada por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), quien señaló que en su punto máximo la crisis afectó a casi un tercio de los vuelos mundiales.

Se estima que el caos aéreo perjudicó a 1.200.000 pasajeros por día.

Este martes por la noche empezaron a llegar vuelos al Reino Unido, el país que más sintió la crisis por su situación geográfica, luego de que el espacio aéreo estuviera cerrado por seis días.

La decisión de reabrir los cielos se tomó luego de que diversas pruebas de seguridad comprobaran que los motores de los aviones funcionan bien en áreas con baja densidad de cenizas.

Otro estudio, realizado por el Centro de Investigaciones de Economía y Negocios y encargado por el sitio de internet comparativo de precios Kelkoo, estima que la interrupción de los vuelos a lo largo de estos seis días le costó a las aerolíneas US$1.450 millones.

El director general de la Cámara de Comercio Británica le dijo a la BBC que el costo de la crisis para la economía británica fue de unos 100 millones de libras (US$153 millones) al día. 2

¿Compensación?
La IATA admitió que, por no volar, las líneas aéreas se ahorraron unos US$110 millones al día en combustible, pero agregó que tuvieron que afrontar otros gastos, como atender a los pasajeros varados.

"Para una industria que perdió US$9.400 millones el año pasado y se prevé que pierda US$2.800 en 2010, esta crisis es devastadora", dijo Giovanni Bisignani, director general de la IATA. 3

Bisignani también criticó a los gobiernos por la prisa con que decidieron cerrar el espacio aéreo y reclamó que paguen una compensación a las aerolíneas.

"El espacio se cerró en base a modelos teóricos, no a hechos. Las pruebas aéreas que realizamos demostraron que los modelos eran equivocados.

[La crisis] es una situación extraordinaria exagerada por un mal proceso de toma de decisiones por parte de los gobiernos. Los gobiernos deberían ayudarle a la aerolíneas a recuperarse de este trastorno".

La línea de bajo costo Easyjet dijo que perdió unos US$77 millones durante el cierre de los vuelos y que va a reclamar una indemnización al gobierno.

"Nuestra opinión es que se trata de un desastre natural a escala europea, y sólo los gobiernos cuentan con los recursos como para lidiar con este problema de la manera adecuada", le dijo a la BBC Andrew Harrison, director ejecutivo de Easyjet.

Esta semana, British Airways también le reclamó indemnización al gobierno británico y señaló que estaba perdiendo entre US$23 y US$30 millones por día.

El mayor operador turístico de Europa, TUI Travel, informó que la interrupción de los vuelos le costó unos US$8 millones al día. El operador aeroportuario del Reino Unido, BAA, dijo que la prohibición de volar le costó una cifra similar.

Efecto dominó

Con la crisis del volcán también sufrieron pérdidas otros sectores que dependen del comercio con aerolíneas y aeropuertos.

Por ejemplo la tintorería Mister P de Hounslow, cerca del aeropuerto de Heathrow de Londres, el que tiene más tráfico de pasajeros internacional en todo el mundo. La tienda tuvo que cerrar temporalmente este fin de semana por primera vez en sus 33 años de existencia.

La tintorería limpia unas 40.000 prendas por día, pero el 95% de ellas provienen de las aerolíneas.

Pero los efectos de la crisis se han sentido más allá de la industria de los viajes, dado que decenas de miles de personas han quedado varadas y no han podido ir a trabajar.

Los productores de bienes perecederos como alimentos y flores han resultado muy golpeados.

La automotriz Nissan tuvo que suspender su producción por un día debido a que no pudo importar componentes desde Irlanda. 4



Fuente: BBC mundo / La nube costó US$1.700 millones
Referencias: 1. Ceniza volcánica causa caos aéreo en Europa 2. ¿Pueden los aviones esquivar la nube volcánica? 3. 2009, el peor año para las aerolíneas 4. Quiénes ganan y quiénes pierden con el caos aéreo

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viernes, 16 de abril de 2010

Terremoto de Qinghai: otro eslabón en la trágica cadena de 2010



Haití aún cuenta los muertos que dejó el devastador terremoto del 12 de enero, mientras Chile encara un colosal plan de reconstrucción para las zonas más afectadas por el "megasismo" del 27 de febrero. Este mes, la tierra tembló en Baja California y en Sumatra, sembrando el pánico. Y ayer fue el turno de una región montañosa del oeste de China, estremecida por un sismo de 7,1 grados en la escala de Richter, que dejó unos 600 muertos.

La serie de fuertes terremotos en lo que va del año no se detiene, pero los expertos en sismología descartan que se trate de un fenómeno fuera de lo común, sino que, por el contrario, es considerado normal. "Ningún año ni época es igual a otra, pero lo que está pasando es algo característico. Cambia la percepción en proporción a los efectos que generan" los terremotos, dijo a LA NACION Mario Araujo, jefe del departamento de investigaciones sismológicas del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres), de San Juan.

Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), en la última década hubo un promedio anual de 13 terremotos de magnitudes entre 7° y 7,9° en la escala de Richter. El promedio se reduce a 1,3 cada año entre los de 8° o más. Si este año se cumpliera esa media, en lo que resta de 2010 podrían faltar aún ocho terremotos similares o más fuertes que el que asoló Puerto Príncipe (de 7 grados).

"Se trata de un proceso natural de asentamiento, que ocurre habitualmente. Pero se convierte en un desastre cuando pasa en lugares donde vive mucha gente", indicó Seth Stein, científico de la Universidad Northwestern, en Illinois, al referirse a la actividad sísmica reciente en diversas partes del planeta.

Según Araujo, las imágenes de la destrucción en Puerto Príncipe provocaron que los medios de comunicación les dieran una mayor difusión a los terremotos que le siguieron.

El caso de Haití llamó la atención mundial por la cantidad de muertos (más de 230.000) y los millones de damnificados. El de Chile, por la energía que liberó el movimiento telúrico (8,8°), que lo convirtió en un "megasismo", y por el posterior tsunami que golpeó la costa. Y el de ayer en China, por lo que pudo pasar, ante el recuerdo del sismo que en 2008 dejó unas 90.000 víctimas en la provincia de Sichuan, vecina a Qinghai.*


Expertos norteamericanos indican que terremoto de Qinghai difiere de los temblores ocurridos en otras partes del mundo.

El distrito Yushu, en la prefectura autónoma de nacionalidad tibetana de Qinghai, fue estremecido en la mañana del 14 de abril por un terremoto de 7,1 grados en la escala de Richter. El temblor ha dejado hasta ahora 617 muertos, 313 desaparecidos y 9.110 heridos. La página web de "Ciencia de Vida" (LifeScience) de EEUU informó el 14 que este sismo es diferente de los últimos grandes terremotos sucedidos a escala global en este año. El terremoto de Yushu tuvo lugar en el centro del bloque de la corteza terrestre y no en la juntura entre bloques.

El distrito Yushu de la provincia de Qinghai forma parte de la meseta Qinghai-Tibet. Esta meseta está al lado de la Cordillera de los Himalayas, cuya configuración data de 50 millones de años atrás, cuando se produjo la colisión entre el subcontiente de Asia meridional con el continente eurasiático. Randy Baldwin, geofísico del Centro Nacional de Información Sismológica de EEUU, señala que este terremoto no tuvo lugar en la juntura de dos bloques, sino que, al contrario, se produjo en el seno de la meseta. El terremoto más fatal en la historia, que tuvo lugar en 1556 en la provincia Shaanxi, provocando la muerte de 830.000 personas, también se produjo en el seno de bloques (ver articulo mencionado en LiveScience, haciendo clic aquí).

La meseta Qinghai-Tibet se ha elevado constantemente desde el día del terremoto. La presión ha producido muchas fracturas. Hasta ahora no se qué tipos de fracturas ha generado el terremoto, pero es posible que sean del tipo deslizante, según el experto. El deslizamiento de las fracturas libera energía acumulada. Se trata de una zona activa, dijo.

Señala que después del terremoto, se sucederán varias réplicas, de 4,8 a 5,8 grados de intensidad. Con el paso del tiempo, la frecuencia y la intensidad de las réplicas tenderán a disminuir.**



* Fuente: LaNacion.com/ "Otro eslabón en la trágica cadena de 2010"
Autor: Guillermo Idiart
**Fuente: Pueblo en línea / Xinhua
Fotografía: AP

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viernes, 12 de marzo de 2010

La tormenta solar del fin del mundo

El escenario podría ser cualquier gran ciudad de Estados Unidos, China o Europa. La hora, por ejemplo, poco después del anochecer de cualquier día entre mayo y septiembre de 2012. El cielo, de repente, aparece adornado con un gran manto de luces brillantes que oscilan como banderas al viento. Da igual que no estemos cerca del Polo Norte, donde las auroras suelen ser comunes. Podría tratarse perfectamente de Nueva York, Madrid o Pekín. Pasados unos segundos, las bombillas empiezan a parpadear, como si estuvieran a punto de fallar. Después, por un breve instante, brillan con una intensidad inusitada... y se apagan para siempre. En menos de un minuto y medio, toda la ciudad, todo el país, todo el continente, está completamente a oscuras y sin energía eléctrica. Un año después, la situación no ha cambiado. Sigue sin haber suministro y los muertos en las grandes ciudades se cuentan por millones. En todo el planeta está sucediendo lo mismo. ¿El causante del desastre? Una única y gran tormenta espacial, generada a más de 150 millones de kilómetros de distancia, en la superficie del Sol.

Y no es que de repente hayamos decidido alinearnos entre las filas de los catastrofistas que predican el fin del mundo precisamente para 2012. Pero lo descrito arriba es exactamente lo que pasaría si el actual ciclo solar (que acaba de empezar después de más de un año de completa inactividad) fuera sólo la mitad de violento de lo que se espera. Así lo dice, sin tapujos, un informe extraordinario financiado por la NASA y publicado hace menos de un año por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (NAS). Y resulta que, según el citado informe, son precisamente las sociedades occidentales las que, durante las últimas décadas, han sembrado sin quererlo la semilla de su propia destrucción.

"Un posible desastre"

Se trata de nuestra actual forma de vida, dependiente en todo y para todo de una tecnología cada vez más sofisticada. Una tecnología que, irónicamente, resulta muy vulnerable a un peligro extraordinario: los enormes chorros de plasma procedentes del Sol. Un plasma capaz de freir en segundos toda nuestra red eléctrica (de la que la tecnología depende), con consecuencias realmente catastróficas. "Nos estamos acercando cada vez más hasta el borde de un posible desastre", asegura Daniel Baker, un experto en clima espacial de la Universidad de Colorado en Boulder y jefe del comité de la NAS que ha elaborado el informe.

Según Baker, es difícil concebir que el Sol pueda enviar hasta la Tierra la energía necesaria para provocar este desastre. Difícil, pero no imposible. La superficie misma de nuestra estrella es una gran masa de plasma en movimiento, cargada con partículas de alta energía. Algunas de estas partículas escapan de la ardiente superficie para viajar a través del espacio en forma de viento solar. Y de vez en cuando ese mismo viento se encarga de impulsar enormes globos de miles de millones de toneladas de plasma ardiente, enormes bolas de fuego que conocemos por el nombre de eyecciones de masa coronal. Si una de ellas alcanzara el campo magnético de la Tierra, las consecuencias serían catastróficas.

Nuestras redes eléctricas no están diseñadas para resistir esta clase de súbitas embestidas energéticas. Y que a nadie le quepa duda de que esas embestidas se producen con cierta regularidad. Desde que somos capaces de realizar medidas, la peor tormenta solar de todos los tiempos se produjo el 2 de septiembre de 1859. Conocida como "El evento Carrington", por el astrónomo británico que lo midió, causó el colapso de las mayores redes mundiales de telégrafos. En aquella época, la energía eléctrica apenas si empezaba a utilizarse, por lo que los efectos de la tormenta casi no afectaron a la vida de los ciudadanos. Pero resultan inimaginables los daños que podrían producirse en nuestra forma de vida si un hecho así sucediera en la actualidad. De hecho, y según el análisis de la NAS, millones de personas en todo el mundo no lograrían sobrevivir.

El informe subraya la existencia de dos grandes problemas de fondo: El primero es que las modernas redes eléctricas, diseñadas para operar a voltajes muy altos sobre áreas geográficas muy extensas, resultan especialmente vulnerables a esta clase de tormentas procedentes del Sol. El segundo problema es la interdependencia de estas centrales con los sistemas básicos que garantizan nuestras vidas, como suministro de agua, tratamiento de aguas residuales, transporte de alimentos y mercancías, mercados financieros, red de telecomunicaciones... Muchos aspectos cruciales de nuestra existencia dependen de que no falle el suministro de energía eléctrica.

Ni agua ni transporte

Irónicamente, y justo al revés de lo que sucede con la mayor parte de los desastres naturales, éste afectaría mucho más a las sociedades más ricas y tecnológicas, y mucho menos a las que se encuentran en vías de desarrollo. Según el informe de la Academia Nacional de Ciencias norteamericana, una tormenta solar parecida a la de 1859 dejaría fuera de combate, sólo en Estados Unidos, a cerca de 300 de los mayores transformadores eléctricos del país en un periodo de tiempo de apenas 90 segundos. Lo cual supondría dejar de golpe sin energía a más de 130 millones de ciudadanos norteamericanos.

Lo primero que escasearía sería el agua potable. Las personas que vivieran en un apartamento alto serían las primeras en quedarse sin agua, ya que no funcionarían las bombas encargadas de impulsarla a los pisos superiores de los edificios. Todos los demás tardarían un día en quedarse sin agua, ya que sin electricidad, una vez se consumiera la de las tuberías, sería imposible bombearla desde pantanos y depósitos. También dejaría de haber transporte eléctrico. Ni trenes, ni metro, lo que dejaría inmovilizadas a millones de personas, y estrangularía una de las principales vías de suministro de alimentos y mercancías a las grandes ciudades.

Los grandes hospitales, con sus generadores, podrían seguir dando servicio durante cerca de 72 horas. Después de eso, adiós a la medicina moderna. Y la situación, además, no mejoraría durante meses, quizás años enteros, ya que los transformadores quemados no pueden ser reparados, sólo sustituidos por otros nuevos. Y el número de transformadores de reserva es muy limitado, así como los equipos especializados que se encargan de instalarlos, una tarea que lleva cerca de una semana de trabajo intensivo. Una vez agotados, habría que fabricar todos los demás, y el actual proceso de fabricación de un transformador eléctrico dura casi un año completo...

El informe calcula que lo mismo sucedería con los oleoductos de gas natural y combustible, que necesitan energía eléctrica para funcionar. Y en cuanto a las centrales de carbón, quemarían sus reservas de combustible en menos de treinta días. Unas reservas que, al estar paralizado el transporte por la falta de combustible, no podrían ser sustituidas. Y tampoco las centrales nucleares serían una solución, ya que están programadas para desconectarse automáticamente en cuanto se produzca una avería importante el las redes eléctricas y no volver a funcionar hasta que la electricidad se restablezca.

Sin calefacción ni refrigeración, la gente empezaría a morir en cuestión de días. Entre las primeras víctimas, todas aquellas personas cuya vida dependa de un tratamiento médico o del suministro regular de sustancias como la insulina. "Si un evento Carrington sucediera ahora mismo -asegura Paul Kintner, un físico del plasma de la Universidad de Cornell, de Nueva York- sus efectos serían diez veces peores que los del huracán Katrina". En realidad, sin embargo, la estimación de este físico se queda muy corta. El informe de la NAS cifra los costes de un evento Carrington en dos billones de dólares sólo durante el primer año (el impacto del Katrina se estimó entre 81 y 125 mil millones de dólares), y considera que el periodo de recuperación oscilaría entre los cuatro y los diez años.

Por supuesto, el informe no se limita a describir escenarios de pesadilla sólo en los Estados Unidos. Tampoco Europa, o China, se librarían de las desastrosas consecuencias de una tormenta geomagnética de gran intensidad.

Tomar precauciones

La buena noticia, reza el informe, es que si se dispusiera del tiempo suficiente, las compañías eléctricas podrían tomar precauciones, como ajustar voltajes y cargas en las redes, o restringir las transferencias de energía para evitar fallos en cascada. Pero, ¿Tenemos un sistema de alertas que nos avise a tiempo? Los expertos de la NAS opinan que no. Actualmente, las mejores indicaciones de una tormenta solar en camino proceden del satélite ACE (Advanced Composition Explorer). La nave, lanzada en 1997, sigue una órbita solar que la mantiene siempre entre el Sol y la Tierra. Lo que significa que puede enviar (y envía) continuamente datos sobre la dirección y la velocidad de los vientos solares y otras emisiones de partículas cargadas que tengan como objetivo nuestro planeta.

ACE, pues, podría avisarnos de la inminente llegada de un chorro de plasma como el de 1859 con un adelanto de entre 15 y 45 minutos. Y en teoría, 15 minutos es el tiempo que necesita una compañía eléctrica para prepararse ante una situación de emergencia. Sin embargo, el estudio de los datos obtenidos durante el evento Carrington muestran que la eyección de masa coronal de 1859 tardó bastante menos de 15 minutos en recorrer la distancia que hay desde el ACE hasta la Tierra. Por no contar, además, que ACE tiene ya once años y que sigue trabajando a pesar de haber superado el periodo de actividad para el que había sido diseñado. Algo que se nota en el funcionamiento, a veces defectuoso, de algunos de sus sensores, que se saturarían sin remedio ante un evento de esas proporciones. Y lo peor es que no existen planes para reemplazarlo.

Para Daniel Baker, que formó parte de una comisión que hace ya tres años alertó de los problemas de este satélite, "no tener una estrategia para sustituirlo cuando deje de funcionar es una completa locura". De hecho, otros satélites de observación solar, como SOHO, no pueden proporcionarnos alertas tan inmediatas ni tan fiables como las de ACE. Para Baker y los demás investigadores que han elaborado el informe, el mundo probablemente no hará nada para prevenirnos de los efectos de una tormenta solar devastadora hasta que ésta, efectivamente, suceda.

Algo que, según el informe, podría ocurrir mucho antes de lo que nadie imagina. La "tormenta solar perfecta", de hecho, podría tener lugar durante la primavera o el otoño de un año con alta actividad solar (como lo será 2012). Y es precisamente en esos periodos, cerca de los equinoccios, cuando serían más dañinas para nosotros, ya que es entonces cuando la orientación del campo magnético terrestre (el escudo que nos proteje de los vientos solares), es más vulnerable a los bombardeos de plasma solar.


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Fuente: ABC.es
Autor: Jose Manuel Nieves / Madrid

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martes, 2 de marzo de 2010

Chile: el megaterremoto cambió el eje de la Tierra

El poderoso terremoto de magnitud 8,8 que sacudió a Chile pudo haber inclinado el eje de la Tierra y como consecuencia los días serán más cortos.

Esa es la conclusión Richard Gross, investigador del Laboratorio de Propulsión Jet de la agencia espacial estadounidense, NASA.

El científico utilizó un complejo modelo con el cual obtuvo un cálculo preliminar que revela que el sismo pudo haber acortado 1,26 microsegundos (un microsegundo equivale a una millonésima de segundo) la longitud de cada día en la Tierra.

Lo que sorprendió más al doctor Gross, sin embargo, es cómo el terremoto inclinó el eje de la Tierra.

Según el investigador el movimiento telúrico pudo haber inclinado el eje terrestre en 2,7 milisegundos de arco (unos 8 centímetros).

Este mismo modelo calculó que el terremoto de Sumatra-Andamán de magnitud 9,1 en 2004 pudo haber acortado la duración de los días en 6,8 microsegundos e inclinado el eje terrestre en 2,32 milisegundos de arco (unos 7 centímetros).

El científico explica que aunque el terremoto de Chile fue más pequeño que el de Sumatra, el de Chile logró inclinar un poco más el eje terrestre por dos razones.

"En primer lugar, a diferencia del terremoto de Sumatra que estuvo localizado cerca del ecuador, el terremoto de Chile estuvo localizado en las latitudes medias de la Tierra, con lo cual pudo cambiar de forma más efectiva las cifras del eje" dice el doctor Gross.

"En segundo lugar -agrega- la falla responsable del terremoto de 2010 en Chile desciende bajo la superficie de la Tierra a un ángulo ligeramente más empinado que el de la falla responsable del terremoto de 2004".
"Esto hace que la falla de Chile sea más efectiva al mover la masa de la Tierra verticalmente y por lo tanto más efectiva al cambiar las cifras del eje terrestre", explica.

"Como una bailarina"

Tal como explicó a BBC Ciencia el doctor Alejandro Gangui, investigador del Instituto de Astronomía y Física del Espacio de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, es de esperar que un movimiento tan fuerte en la corteza terrestre provoque este tipo de cambios en la forma como se mueve la masa del planeta.

"Sabemos que la Tierra no es un cuerpo completamente rígido sino que está sujeta a muchas perturbaciones de acuerdo a efectos estacionales" explica el científico.

"Así que un movimiento de placas como el que estuvo en el origen tanto del terremoto de 2004 como el de 2010 evidentemente van a cambiar la distribución de masa en el planeta". "Es como el efecto de la bailarina que cuando gira sobre un pie y con los brazos abiertos su movimiento de giro es lento y cuando los cierra es más rápido".

Ahora con la Tierra, dice el científico, pasó algo similar, ya que su movimiento de giro se hizo más rápido por el cambio en la distribución de materia en la zona ecuatorial.

Tal como explica el doctor Gangui, aunque estos cambios en la posición de la Tierra son importantes es poco probable que los detectemos.

"Lo cierto es que cualquiera de estos movimientos de grandes cantidades de masa de placas tectónicas si ocasionan una pequeña perturbación en la dinámica de la Tierra como cuerpo cósmico".

"Pero es difícil que eso sea notorio o que podamos detectarlo en nuestra vida corriente", agrega el investigador.

Megatoneladas de TNT

Por su parte, el British Geological Survey, (Centro Británico de Inspección Geológica) (BGS), afirma en un análisis reciente que la enorme cantidad de estrés almacenado durante cientos de años en el límite de las placas tectónicas donde ocurrió el terremoto -y donde no había habido ningún sacudimiento fuerte desde 1935- liberó energía equivalente a más de mil megatoneladas de TNT.

Y lo hizo en unas cuantas decenas de segundos

El BGS explica que los terremotos como el de Chile, que ocurren bajo el océano, elevan el lecho marino desplazando enormes cantidades de agua.

Esto ocasiona olas gigantes -o tsunamis- que pueden propagarse desde el epicentro como ondas en un estanque. Pero en el océano profundo el tsunami viaja a cientos de kilíometros por hora, casi a la velocidad de un avión.

Según el BGS la ola causada por el terremoto frente a la costa de Chile tardó 10 horas en cruzar el océano Pacífico.

Algo similar ocurrió en 1960 con el terremoto de magnitud 9,5 que sacudió a Chile y desató un tsunami devastador que viajó a través del Pacífico, llegó a Japón unas 20 horas más tarde y mató a unas 200 personas.


Fuente: BBC mundo

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lunes, 18 de enero de 2010

Mexicali, Quito, San Salvador y Antofagasta entre las 20 ciudades más vulnerables ante un terremoto

El terremoto que ha devastado Haití ha vuelto a poner de manifiesto que, a más pobreza, más riesgo de que un seísmo cause un número importante de víctimas mortales.

Así lo puso de manifiesto hace unos años el análisis realizado por la organización Geohazards International, que evaluó las probabilidades de que un terremoto dejase víctimas mortales en una veintena de ciudades, fundamentalmente de América y Asia (donde se concentran la mayor parte de los movimientos sísmicos). Las más vulnerables resultaron ser Katmandú y Mexicali.

Un habitante de la capital nepalí es el que más probabilidad tiene de fallecer si se produjese un terremoto en esta ciudad (un baremo que según los investigadores permite comparar las ciudades grandes y pequeñas). Le seguirían Mexicali (México), Quito (Ecuador), San Salvador (El Salvador), Estambul, Izmir (ambas Turquía), Islamabad (Pakistán), Antofagasta (Chile) y Nueva Delhi (India).

En el extremo opuesto de la lista se encuentran las urbes más ricas de las analizadas, como Santiago de Chile, Vancouver (Canadá) y Kobe, Nagoya y Tokio (Japón).

Los investigadores llegaron a estas conclusiones analizando numerosos factores: las probabilidades de que se derrumben edificios, se produjesen corrimientos de tierras e incendios o la disponibilidad de los servicios de emergencia.

De hecho, las causas de mortalidad diferirían según la ciudad. Mientras en Nueva Delhi la mayoría de las víctimas fallecerían por el derrumbe de edificios, en San Salvador un número importante de las víctimas fallecerían por corrimientos de tierras.

Además, mientras en San Salvador no se registraría ninguna víctima mortal a causa de incendios desencadenados por el seísmo, en Nueva Delhi se registrarían muchas víctimas por este motivo.


Fuente: ElMundo.es / "Las ciudades más vulnerables a un terremoto"
Nota original: Forbes / "The World's Most Earthquake-Vulnerable Cities"
Fotografía: Geohazards International

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miércoles, 7 de octubre de 2009

Lo peor quizás aún no ocurrió: miles de muertos, desaparecidos y sin hogar

El devastador sismo que azotó la ciudad indonesia de Padang estaba anunciado desde hace varios años por científicos que temen que lo peor esté aún por venir

Desde hace varios años, los científicos advierten del riesgo de un gran sismo que pueda amenazar a esta urbe (Padang) de casi un millón de habitantes.

"Las advertencias ya fueron formuladas antes del sismo y del gran tsunami de 2004", subraya Kerry Sieh, geólogo del Instituto californiano de tecnología.

Esta enorme catástrofe se produjo poco después de la Navidad de 2004, golpeando el norte de Sumatra, a unos 500 Km. de Padang, y causando la muerte de 220.000 personas en varios países de Asia.

Los sismólogos separan la subducción a lo largo de Sumatra en varios segmentos. Estos segmentos acumulan tensión, que es liberada bruscamente mediante un terremoto. Sin embargo, tras una serie de fuertes sismos producidos desde 2004, todos los segmentos habían liberado sus tensiones, salvo el de Padang.

La posibilidad de un nuevo terremoto de magnitud 8,8, seguido de un tsunami, es casi una certeza en el curso de la próxima década, augura Sieh. El sismo del miércoles es, pues, probablemente "una pulga comparada con el tigre que se avecina", opina el experto.

"Es seguro al 100%. La pregunta es saber cuándo ocurrirá".

Sismólogos europeos también creen que el terremoto de Padang no fue el monstruo telúrico anunciado desde hace años.

En Indonesia, los especialistas exhortan a las autoridades nacionales a invertir más en inmuebles equipados según las normas antisísmicas, y a ampliar las vías de comunicación en caso de éxodo masivo provocado por una catástrofe. Pero semejante inversión "no es considerada económicamente viable" por las autoridades debido precisamente a la imposibilidad de prever un sismo, destaca Surono, jefe del centro indonesio de vulcanología y geología.

Para Dewi Fortuna Anwar, del Instituto indonesio de Ciencias, Indonesia padece de "capacidades limitadas". "Es un país en vías de desarrollo y sus medios son reducidos, en términos de finanzas, de organización o de respeto de las normas", explica.*

La Cruz Roja estima que el balance total de muertos ascenderá a más de tres mil personas, la mayor parte de ellas todavía enterradas bajo las toneladas de escombros, y que unos 450.000 supervivientes han quedado sin hogar por el terremoto de 7,6 grados de magnitud en la escala Richter que golpeó el miércoles pasado a Sumatra.**


Fuente*: Observa.com.uy
Fuente**: Informador.com.mx / Efe

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