domingo, 1 de marzo de 2009

Crisis económica: cuestión de seguridad nacional para la CIA

Para la CIA la "crisis global" es un enemigo más peligroso que el "terrorismo". Es porque la situación vuelve vulnerable a EE.UU. La comunidad de inteligencia ve en China una de las preocupaciones por sus enormes tenencias de bonos norteamericanos. También miran con gran alerta a América latina y el Este europeo.
La CIA considera que la crisis financiera internacional es actualmente la amenaza número uno a la seguridad nacional de los Estados Unidos. En un dramático informe presentado ante el Comité de Inteligencia del Senado, el Director de la Inteligencia Nacional de Barack Obama, el almirante (R) Dennis Blair dijo la semana pasada que esta nueva amenaza y sus implicancias geopolíticas son hoy mucho más graves que el terrorismo internacional.

Los miembros del Comité de Inteligencia se quedaron perplejos. Blair les explicó cómo la rápida caída de los índices de crecimiento y el aumento del desempleo en casi todas las regiones del mundo puede conducir a la inestabilidad política y a explosiones sociales debido al desempleo y la súbita pobreza, potencialmente dirigidas contra EE.UU.

Advirtió que si la crisis se prolonga habrá un aumento del nacionalismo en el mundo. Países amigos podrían convertirse en enemigos, los aliados tendrán muchas dificultades para cumplir con sus acuerdos militares y sus obligaciones humanitarias, y los problemas inmigratorios se multiplicaran.

"No hay un adversario dominante que amenace la existencia de EE.UU. con su fuerza militar", dijo Blair "Sin embargo, la crisis financiera internacional ha exacerbado lo que ya era una serie de crecientes incertidumbres políticas y económicas" que pueden perjudicar enormemente los intereses estratégicos de Washington en la escena internacional.

La preocupación está centrada sobre como reaccionaran países como China, los tigres asiáticos, Rusia o los países de Europa del Este si la crisis se prolonga. Los escenarios van desde una especie de Pearl Harbour financiero, es decir un ataque asiático contra el dólar hasta el regreso de algunos países de Europa del Este a políticas económicas más socialistas lo que conduciría a agravar las tensiones en el seno de la Unión Europea.

El caso de China es paradigmático. Ese país, el principal acreedor de Washington, cuenta con casi un billón de dólares (un millón de millones o un uno con 12 ceros) en bonos del tesoro de EE.UU. con los que puede provocar un crac en la economía norteamericana y mundial.

También hay preocupación por lo que pueda suceder en América Latina y en África, donde la baja de los precios de la commodities combinado con la fuga de capitales hacia mercados más seguros está produciendo estragos.

La CIA, como otras agencias de EE.UU., no está bien preparada para enfrentar esta amenaza. Por eso han comenzado a contratar a expertos. En una entrevista con la Radio Nacional Pública, James Rickards, un experto en crisis financieras que está asesorando a Blair, explicó que la CIA siempre siguió con atención la evolución de la macroeconomía en países como China o Rusia. "Pero esto es diferente, el problema ahora es cómo circula el dinero entre países y cómo ese movimiento puede transformarse en una especie de guerra financiera."

"Uno puede imaginar un escenario en el que China lanza un ataque financiero contra EE. UU., un especie de Pearl Harbor sobre el dólar", dijo Rickards recordando los bonos en manos chinas. Si bien es poco probable que los venda porque iría en contra de sus propios intereses al caer el valor, Beijing, según Rickards, podría adoptar una medida intermedida como cambiar deuda de EE.UU. a largo plazo por deuda a corto plazo.

La preocupación es tal que en su viaje a China esta semana, la canciller Hillary Clinton dijo que temas tan conflictivos como los derechos humanos "no pueden interferir con la crisis económica global". Las organizaciónes de DD.HH. pusieron el grito en el cielo.

En Europa del Este, el temor es que tras haberse convertido a las políticas de libertad de mercado, la crisis siembre dudas. El viernes cayó el gobierno de centro derecha de Latvia. Es el segundo país de la Unión Europea que cae debido a la crisis económica después de Islandia. La crisis también ha golpeado fuertemente a Rusia, donde el ala más dura está ganando terreno.

La semana pasada, el senador demócrata John Kerry invitó a un grupo de expertos al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, ¿Cuál es la medida más importante que EE.UU. puede adoptar para recuperar la confianza en la escena internacional? preguntó. Los especialistas coincidieron en que es necesario:

Primero nacionalizar la banca, segundo liderar la lucha contra el proteccionismo y después insistir con que todos los países deben trabajar conjuntamente. El presidente Obama no ha hecho hasta ahora ninguna de las tres cosas.

La bola de vidrio
Por Marcelo Cantelmi
Todos los sobrevivientes corporativos del mercado norteamericano que hoy parecen saludables van a colapsar. No sólo empresas. También y especialmente los bancos. Como en una película de final anunciado, el incendio será en menos de seis meses. Y entonces Washington firmará la mayor oleada de nacionalizaciones de su historia en medio de la confusión, espanto e incluso, quién sabe, felicidad de los brokers. El pronóstico ominoso no es un delirio más de este columnista. Ni resultado del furor vengativo de una víctima de la crisis global. Lo planteó el economista Nouriel Roubini, quien devino en famoso gurú porque pronosticó, con detalles de precisión sorprendente, el actual desastre financiero. En una declaración a The Wall Street Journal, este académico de la Universidad de Nueva York, acaba de sostener que "en un semestre a partir de ahora" la insolvencia devorará a las primeras líneas financieras del país. "Muchos de los mayores bancos, casi todos ellos, quedarán descapitalizados", explicó sin inmutarse. El gobierno de Barack Obama entonces los nacionalizará en paquete. Hacerlo de a poco, remarcó con la vieja lógica de que no conviene cortar la cola al perro en rebanadas, causaría mayor daño, pánico y confusión. Viendo lo que sucede hoy en los mercados, quizá no sólo Roubini está mirando en su bola de cristal.

Fuente: Clarin.com
Autor: Ana Baron

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